—¿Sorprendidos?
Pregunta mi madre entrando con elegancia a la sala y el emperador se coloca en pies.
—¡Guardias! ¡Encierrenla!
Grita y los guardias comienzan a movilizarse, pero el gruñido de Raizel los hace detenerse y yo me coloco en pies de manera delicada.
—Un solo dedo a mi madre y juro que me las pagarán.
Hablo con autoridad y todos los nobles comienzan a murmurar entre ellos.
—Señores, ante ustedes les presento a la antigua emperatriz ninfa Adelia Chandler.
—¿Adelia Chandler? Pero