ADELAIDA:
Despierto a media noche con un hambre infernal y me siento encima de la cama mientras observo al lobo dormir con su carita de ángel.
—Raizel… Raizel…
Lo llamo, pero este se gira dándome la espalda.
—Raizel despierta.
Lo llamo arrugando el ceño mientras lo muevo varias veces.
—Mmm ¿Qué quieres?
Puedo notar su tono enojado y alzo las cejas.
—Te prohíbo hablarme en ese tono Raizel, bájale dos… Ahora buscame de comer que tú hija y yo tenemos hambre.
Digo con una sonrisa, se tiene que leva