Pronto, una empleada, informó a todos que ya debían ir al salón para la hora de la comida.
Marian tomó asiento en la mesa con sus hijas, estaban todos tan felices.
—Mami, ¿Podemos ir a la rueda de la fortuna?
—¡Sí, mami! Dicen que, si subes a la rueda de la fortuna, y cuando llegues a lo más alto, pides un deseo, y lo escuchan las hadas de los deseos y te lo cumplen —dijo Mady
Marina sonrió y acarició su dulce carita.
—¿Y por qué quieres pedir un nuevo deseo? ¿Acaso no tienen ya sus deseos