Los ojos de Demetrius se abrieron, y la luz del sol, colándose por la ventana le causó malestar, intentó enderezarse, pero sintió el dolor de cabeza.
Sintió ese peso sobre su cuerpo, fue extraño, acostumbrado a dormir siempre solo, de pronto sintió compañía, miró alrededor, no estaba en su habitación, al ver a un lado por fin la encontró.
Se sorprendió, luego sonrió, era una sonrisa traviesa, miró debajo de las sábanas, se quedó perplejo.
«¿Qué hicimos? ¡Maldita suerte, no puedo recordarlo!»,