Marina soltó la mano de Demetrius, y sintió un dolor en su pecho al verlo subir al auto de la policía, él pudo mirarla, podía ver la angustia en sus ojos. Odió verla tan preocupada por él, lamentó que eso ocurriera ahora.
Albert llegó.
—¡Se lo llevaron, Albert! ¡Haz algo, no permitas que esté preso! ¡Es inocente! —exclamó Marina desesperada.
Él asintió.
—Tranquila, Marina, ya llamé al abogado, los empleados volverán a Miami, me quedaré aquí hasta la liberación de Demetrius, debes ir con ello