Demetrius se acercó un poco más, sintió el aliento cálido de Marina, su propia piel erizada, su corazón retumbante, nunca se sintió tan tentado por anhelar un beso, ella retrocedió, echando su cabeza atrás.
Mordió su labio inferior con fuerza, tratando de calmar su frustración interna.
—Las niñas, ya vienen.
Demetrius aclaró su garganta y sonrió, las niñas se sentaron a la mesa, y Marina les sirvió pizza, mientras les ponía una servilleta como babero, las niñas comieron, pronto ensuciaron tod