En la oficina
Marina llegó puntual, debía hablar con el señor Davis, necesitaba ese permiso especial para estar con sus hijas.
«Sé que verme será una decepción para ellas, pero, no puedo pedir a su padre que vaya ahí, ¡Eso sería imposible! Y nunca las dejaré solas», pensó.
Marina observó las cosas de Alex Davis en su lugar, Elsa volvió del baño. Tomó asiento.
El señor Davis entró y le dirigió una fría mirada a Marina.
—¡Quiero que sea la última vez que llega tarde! —exclamó con voz severa,