Ella inclinó un poco la cabeza, y lo miro con una mirada burlon.
—Mira, todavía tienes las marcas esas de chupones en el cuello de la otra.
Su voz era cortante, sin emoción.
—¿Todavía tienes alguna razón para negarte al divorcio?
Sus ojos llenos de desprecio.
—Un perro como tu… pues no, no gracias.
Esas palabras salieron de su boca bien afiladitas.
¿Acaso ella se equivocaba en algo?
Quién sabe en qué cama se había levantado, con el cuello marcado por la otra, y todavía tenía el d