Clarissa observaba ese imponente hombre, sin poder evitar tocar la punta de sus dedos. Dio un paso tras otro hacia la cocina, con la mirada fija en las manos largas y delgadas.
Sus palmas eran anchas y elegantes, con los huesos de los dedos bien marcados. Las venas en el dorso de sus manos se veían claramente, moviéndose con cada gesto que hacía.
Eran manos que transmitían una sensualidad fuerte, llenas de poder y belleza.
—Giovanni, esas manos tan lindas tampoco están hechas para lavar pl