Giovanni dudó por un momento. Al ver el escalón donde estaba Clarissa, que no era tan alto, supo que si la empujaba desde ahí, no se lastimaría.
Le puso las manos en los hombros y empujó con algo de fuerza. Ella perdió el equilibrio y se cayó.
Clarissa no podía creer lo que acababa de pasar. Cuando sintió el golpe, las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos, y no pudo evitar ponerse a llorar.
—¡Te odio, bobo!
—¡Te odio, te odio, por eso nadie te quiere!
Se levantó y salió corriendo.
Giovanni se q