Giovanni no colgó de inmediato.Clarissa, roja como un tomate, dijo:
—Amor, nos vemos esta noche, chao.
Y sin esperar reacción, cortó la llamada.
Se quedó mirando el teléfono, con la cara encendida y la piel como si acabara de correr una maratón.
El corazón le latía con fuerza.
Al alzar la mirada, se encontró con los ojos burlones de Vittoria, lo que hizo que se pusiera aún más roja.
Del otro lado, Giovanni seguía con el teléfono en la mano, mudo.
Ese “amor” de Clarissa lo agarró tan desprevenido