Amber Whyte.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
El estómago se me cayó a los pies mientras el miedo me envolvía como una manta.
En ese momento, repensé mi petición absurda.
¿Cómo se me había ocurrido exigir algo así?
Me iban a destrozar.
¡Joder!
Los labios me temblaban de arrepentimiento.
Pero ya no había vuelta atrás.
Mi palabra era ley.
Era una orden.
La barra que tenía encima se movió. Las cadenas se recolocaron alrededor de mis muñecas y tobillos.
Mi cuerpo quedó en una posición perfecta