Amber Whyte.
Desperté días después.
Sola en mi habitación.
Había pasado una semana y seguía dolorida.
Todavía roja por el dolor.
Todavía exhausta.
Músculos acalambrados.
Respiración superficial.
Vista borrosa.
Mi coño palpitaba como si tuviera un puto corazón propio: aún hinchado. Rojo intenso. Todavía sensible. Todavía tierno al tacto. Todavía goteando. El cuello del útero magullado. El coño destrozado.
Los primeros días después de recuperar la consciencia fueron un infierno.
No podía respirar