Punto de vista del autor.
¡Zas!
El espejo se hizo añicos con la fuerza de su puño.
Los fragmentos de cristal se esparcieron por el suelo.
La sangre brotaba de la herida reciente, derramándose por el suelo y manchando todo a su paso.
Pero no le importaba.
Y no dejó de destruir cosas.
Los muebles. La televisión. Los aparatos electrónicos.
Todo en la habitación sintió la oleada de su furia descontrolada.
Un hombre de mediana edad estaba sentado a una distancia prudencial, donde la destrucción no h