Amber Whyte.
Mi corazón latía cada vez más despacio con cada paso que daba por el interminable pasillo.
Sentía un calor intenso bajo la piel.
Tenía calor. Demasiado calor. Pero no era por el embarazo. Era por el miedo.
Había pasado los últimos tres días esperando la reunión. Estaba tan emocionada que no veía la hora de conocerlos, a los ancianos.
Pero de repente, todo cambió.
La anticipación se convirtió en una ansiedad total.
Ya no quería enfrentarme a los ancianos. Quería volver a casa.
Creía