Fue entonces cuando la puerta se abrió nuevamente. Esta vez, varios colegas de la oficina entraron para discutir el progreso del proyecto, pero al ver la escena entre Ethan y Madison, se quedaron en silencio. La tensión era palpable, y las miradas se cruzaban.
—¿Señor Sterling? ¿Madison? —preguntó uno de ellos, sonriendo de manera insinuante—. ¿Acaso hemos interrumpido algo?
Madison, furiosa, dio un paso atrás, casi tropezando con la silla. Ethan, que aún no se había percatado de la magnitud de