Sylvie deja de reírse con cada una de las anécdotas que Gianfranco le cuenta. No puede creer que un hombre tan joven y serio haya tenido situaciones tan divertidas, casi como la de ella con la cabra en el riachuelo.
—No puedo creer que te hayan pasado todas esas cosas, no pareces del tipo de hombre que le sucedan.
—Te sorprendería —se ríe él—, la verdad es que me considero un hombre con muy mala suerte.
—¿Y eso sería en todos los ámbitos de tu vida?
—No… —responde algo pensativo—, no podría dec