Para el mediodía Sylvie abre los ojos, se encuentra en su habitación sola, dormida bajo las cobijas y no tiene idea de cómo llegó allí. Se sienta buscando a Ilhan, pero de él no hay rastro. Se queda así, pensando en lo que pasó en la noche y no entiende cómo es que llegaron a ese punto, se siente tonta, estúpida, imbécil.
Quedó como una de esas mujeres que se hace la santa, pero que resulta ser la más fácil de todas.
Se baja de la cama y decide que es mejor irse a la ducha. Al salir, Ilhan está