Por supuesto que el saludo con los padres de Sylvie fue de lo más natural, se excusaron de estar cansados por el viaje, el que se hizo un poco más largo porque pasaron a comer por allí.
Nada más cerrar la puerta, Sylvie nota que Nanny dejó una manta extra y que hay un bello sofá cama nuevo en el cuarto.
—¡Pido el sofá! —gritan los dos como si fueran niños pequeños y se lanzan a él, Sylvie llega primero y queda perfectamente en él—. Lo siento, es mío.
—Vamos, Sylvie… no te traje para que duer