La noticia sacudió a toda la corte.
Alejandro no dio a nadie la oportunidad de oponerse.
En apenas tres días, hizo preparar el decreto de abdicación y entregó las insignias reales.
Lo último que hizo como rey fue darle a Isabela un funeral digno de una reina y enterrarla con todos los honores reales.
Fue sepultada en el Panteón Real, junto a Félix.
Madre e hijo quedaron uno al lado del otro.
Por fin estaban juntos.
El día de su entierro, Alejandro colocó personalmente una nueva corona en su ataú