Cuando llegó el curandero, ni siquiera necesitó examinarme.
Bastó con echarle un vistazo para decir:
—Ya no es más que un cuerpo vacío.
El rostro de Alejandro se quedó rígido.
Durante los últimos días, había gastado una fortuna buscando médicos de todo el reino. Aquel curandero era su última esperanza.
—¿Qué quieres decir?
El curandero explicó:
—Los gusanos de brujería llevan años devorando su cuerpo. No hay un solo órgano que no haya sido afectado.
Hizo una pausa antes de continuar:
—En realida