Caí en brazos de ambos, quizás fue muy apresurado hacerlo ya que segundos después recordé a mí niña en brazos, al menos la delicadeza que no tuve yo en su momento la tuvieron papá y mamá, quienes me abrazaron y de inmediato soltaron palabras de cariño hacia mí persona.
—Estás hermosísima, hija mía. —Hablo mi mamá, su tacto dio en mis mejillas y por alguna razón, fue frío. No tardé en entender, la muerte tocó su puerta o le llegó de forma inesperada, al menos en esta ocasión sí tuvo la fortuna d