—¿Y la guardiana de la que me hablabas?
—Vigilando a las almas recién llegadas, debe asegurarse de que no hagan de las suyas. Los humanos son muy vivos cuando se lo proponen.
—Gracias, querido. —Lo mire, notando una pequeña sonrisa asomada en los labios de él dios.
—No hablaba de ti en específico.
—No lo tome como una ofensa. —Me acerqué a Moros, rodeando su brazo con los míos y dejándome llevar por su recorrido hasta la entrada del inmenso castillo ante nosotros, un recorrido que llegó a su fi