Sacando las garras.
Al cabo de cinco días, el aire en el galpón se volvió más pesado cuando Simon reconoció la silueta que se recortaba en la entrada. Los ojos de Robert, afilados como cuchillos, se encontraron con los de Simon antes de que pudiera desviar la mirada hacia el montaje de las cigüeñas. Una vez que Simon se aseguró de que todo estaba en orden, se dirigió hacia Robert, estrechando su mano de manera firme pero distante.
—Tardaste un tiempo en venir —dijo Simon, guiando a Robert hacia su oficina.
—Este l