Laura al rescate.
Cuando el reloj marcó las ocho de la tarde, Luis tocó el hombro de su jefe. Despertando un poco brusco, Simón se puso de pie y tomó sus pertenencias, indicándole que al día siguiente viniera por él a las nueve. Después de la visita del doctor, Luis asintió y se retiró sigilosamente.
Simón entró al baño y tomó una ducha, ahogando su llanto impotente por el estado de Emma. Luego durmió junto a ella, apoyando la cabeza sobre la suave manta que la cubría.
A las ocho de la mañana, llegó el psiquiatr