Hardin Holloway
Apreté el nudo de la pajarita como si fuera la horca atada a mi cuello. Estaba disperso, inquieto. No conseguía dejar de mirar la maldita puerta. La fiesta estaba tranquila. La música sofisticada de jazz que sonaba de fondo solo funcionaba como una perdición. Mi mente volvía a Livy una y otra vez. Ella simplemente huía de mí. No podía siquiera pensar en ella. Ya no tenía el derecho. Aun así, no conseguía dejar de mirar aquella puerta. No podía dejar de preguntarme si ella finalm