Livy
Juan tenía razón. Él todavía me miraba como si yo fuera un maldito criminal, y ahora, yo me sentía así. Estábamos a punto de enfrentarnos a una batalla legal, y yo no había dicho nada que pudiera salvar el amor de mi vida de un abismo.
– Hardin… – Livy se apoyó en mis hombros, llorando hasta sollozar.
Lo sé, yo era un miserable, pero eso no hacía que mi corazón doliera menos. La abracé sintiendo que se me desgarraba cada parte en el proceso. ¿Cómo podía dormir a su lado y guardar ese secre