Pero yo soy la única que consigue aguantarlo por mucho tiempo.
Livy Clark
— Mis ojos estaban muy abiertos. —¿No va a qué? ¿No va a qué, señor Hardin?
— La voz de él estaba calma una vez más, pero él ya no me miraba. No me miraba, y ahora yo me había convertido en un fantasma, de pie en un baño sucio de café.
— Yo sabía que él había lanzado aquello, pero no me acertaría. No a propósito. No cuando sabía que habría lastimado al bebé. Yo sabía que él estaba avergonzado.
— Agarré un poco de papel y pasé por el suelo, limpiando todo lo que conseguí. Yo solo querí