No hay chinches allí.
Hardin Holloway
Mis ojos ardían. Aquella luz irritante brillaba, molestando cada uno de mis sentidos más lentos y más rápidos. Podía oír el ruido de fondo. Podía oír el agua caer, y nada tenía sentido. Estuve acostado en un césped helado hace un rato, pero ahora sentía todo caliente invadiendo mi cuerpo de la forma más irritante que podía imaginar.
Intenté mirar hacia arriba, pero aquella luz casi me mataba. ¡Maldita sea! – ¡Mierda, apaga esa luz! Me duele la cabeza.
– Caray. Qué boca sucia. ¿Y