—¿Lo quieres? Puedo cortártelo...
—No. Lo que quiero es que me digas por qué estás aquí—. Por fin podía centrarse en lo importante. Su inexplicable presencia. Le miró con el ceño fruncido y se obligó a cruzarse de brazos, a pesar de que sentía unas ganas irrefrenables de acurrucarse contra él. Ni siquiera sabía de dónde le venía esa necesidad. No era una persona demasiado afectuosa, así que el contacto físico no era algo natural. Debía de ser un efecto secundario imprevisto del embarazo. Se dij