—Pareces estresado—, dijo una voz.
Martiniano levantó la cabeza y vio que era Mateo, su mejor amigo.
—Siempre estoy estresado—, respondió Martiniano con desgana.
—No, esto no es estrés laboral—, reconoció levantando una ceja.
—Estoy bien—, suspiró, encogiéndose de hombros para quitarse la chaqueta. —¿Qué te trae por aquí?
Mateo se adelantó y tomó asiento frente al escritorio de Martiniano.
—Iba a almorzar y pensé en pasar por aquí. Hoy he despedido a Gina—, dijo con frialdad.