Fátima se estiró y soltó un suave gemido, abriendo los ojos a la luz del día. Se sentía bien y cada movimiento le recordaba lo que había ocurrido la noche anterior.
Inmediatamente miró el lugar vacío en la cama y se le hizo un nudo en el estómago al darse cuenta de que él se había ido. Pero no tuvo la oportunidad de expresar su pesar porque se oyó un carraspeo y, cuando Fátima se incorporó asustada, vio a Mateo a los pies de la cama, con los pantalones puestos y el pecho desnudo.
—Pen