Tras dos semanas de pruebas aparentemente interminables, tanto a Kiara como al bebé, les dieron el visto bueno para irse a casa. Kiara pensó que había sido el momento más largo y angustioso de su vida, pero el hecho de que los dos salieran bien era algo de lo que alegrarse.
Martiniano estaba preparado, por supuesto, para llevarlos a casa después de sus muchas visitas al hospital durante las últimas semanas. Kiara sostenía en brazos al bebé que tanto se había esforzado. Ya no era tan pequeño