El almuerzo transcurrió en silencio, pero la tensión era palpable. Las miradas secretas se compartían bajo los ojos y las risitas brotaban de una persona en particular: Sabrina.
Kiara, repentinamente curiosa por saber qué estaba pasando, dejó su sándwich en el plato y se echó hacia atrás en su silla.
—Bien, ¿qué está pasando?— Preguntó con una sonrisa en la voz.
Sabrina miró a Martiniano y ambos se encogieron de hombros.
—Nada. Exclamaron los dos al unísono, pero Kiara no estaba convencida