—Todavía no puedo creer que hayas decidido quedarte después de todo—, suspiró Fátima cuando se levantó de la cama a la mañana siguiente. Había decidido que se quedaría con su amiga a pasar la noche, a pesar de ser una invitada no deseada por el anfitrión.
Kiara sacudió ligeramente la cabeza.
—Para empezar, no debería haber dicho que quería ir—, exclamó mientras se ponía unos pantalones amplios de algodón.
—Básicamente te dijo que te fueras de casa—, exclamó Fátima incrédula.
Haciendo el nu