—Es una cama preciosa—, dijo Alanna desde detrás de mí, haciéndome dar un respingo.
—Sí, me gusta. ¿Te importaría si compro dos para los chicos? —. pregunté, observando su cara para ver su reacción.
Su cabeza se giró para mirarme, con la sorpresa claramente escrita en su rostro. Estudió mi cara, intentando decidir si hablaba en serio o no. Le sonreí, asegurándole que hablaba en serio.
—Van a necesitar una habitación aquí, Alanna. Sé que has estado yendo y viniendo entre la casa de tus padres, l