Kiara exhaló un suspiro de frustración y puso los ojos en blanco antes de cerrar la puerta. Se cruzó de brazos y se dirigió hacia Martiniano, que ya se había sentado en un sofá de una plaza. Tenía las piernas cruzadas y una expresión seria en el rostro.
Kiara, sin embargo, no se sintió intimidada por la intensidad de su mirada ni por la expresión adusta de su boca.
—No hay nada de qué hablar—, se encogió de hombros con los brazos cruzados.
Martiniano apretó los dientes, tanto que ella pud