Al volverse hacia la puerta, Helena sintió que se relajaba y sonrió cuando vio a Henry en el umbral. Ella seguía enfadada con él, pero él parecía tan inseguro y a la vez aliviado, allí de pie, con el sol poniente acariciándole la cara. Volvió a darse cuenta de que aquel hombre, aquel guapísimo hombre, se había acostado con ella y habían creado un milagro. Dos milagros. Dos milagros muy activos, muy enérgicos. Dos milagros que le estaban causando mucho malestar en ese momento. Creyó sentir una p