La verdad
Amanda miraba la pantalla del ordenador, pero no estaba leyendo. Llevaba varios minutos con el cursor parpadeando sobre el mismo correo sin poder concentrarse. La oficina estaba tranquila a esa hora; la mayoría de sus compañeras ya había salido a comer, el murmullo de teléfonos se había apagado y en el pasillo apenas quedaban pasos ocasionales. Era el momento perfecto para almorzar, pero ella no tenía ganas de moverse. Se llevó una mano al vientre y respiró hondo. Tenía hambre. Esa hambre pesada