Amanda despertó despacio, como si su cuerpo necesitara algunos segundos para recordar dónde estaba. Lo primero que sintió fue la tibieza de la cama, el olor familiar de su habitación y un hueco a su lado que no debería estar vacío. Abrió los ojos por completo y se encontró con ese espacio libre, marcado por la forma de un cuerpo que había estado allí durante horas. La almohada tenía una hendidura, la sábana conservaba su calor, como si él se hubiera ido no hacía mucho.
Pero no estaba.
Se incorpo