Capítulo 38: El hombre protector

Una semana después de aquella confesión de amor mutuo, Elena tenía programada una consulta médica de rutina para revisar el desarrollo del embarazo, ya en su séptimo mes. Dante, fiel a su promesa de acompañarla a cada cita, se organizó cuidadosamente para reorganizar toda su agenda empresarial de esa mañana.

—¿Estás seguro de que puedes tomarte esta mañana libre? —preguntó Elena, mientras se preparaban para salir hacia la clínica —Sé que tenías programada una reunión importante con los inversionistas europeos.

—Reprogramé esa reunión para la tarde —respondió Dante, con una determinación que dejaba claro que aquella decisión no admitía ninguna discusión —Esta consulta es mucho más importante que cualquier reunión empresarial, Elena.

Al llegar a la clínica, la doctora Ramírez, quien había atendido a Elena desde el inicio del embarazo, los recibió con una sonrisa cálida en su consultorio, ya familiarizada con la presencia constante de Dante en cada consulta durante las últimas semanas.

—Buenos días a ambos —saludó la doctora, invitándolos a sentarse —Hoy realizaremos una ecografía detallada para revisar el desarrollo completo del bebé, además de escuchar los latidos de su corazón con mayor claridad.

—¿Podré ver claramente al bebé esta vez? —preguntó Dante, con una expresión que combinaba curiosidad genuina y una expectativa que Elena reconocía como profundamente sincera.

—Por supuesto, señor Moretti —confirmó la doctora, con una sonrisa comprensiva —A esta altura del embarazo, la imagen debería ser considerablemente más clara y detallada que en ecografías anteriores.

Elena se recostó en la camilla, mientras la doctora aplicaba el gel frío característico sobre su vientre ya considerablemente abultado. Dante se colocó junto a ella, tomando su mano con firmeza, con los ojos fijos en la pantalla que pronto mostraría la imagen del bebé.

—Aquí está —dijo la doctora, moviendo suavemente el transductor sobre el vientre de Elena hasta que la imagen se estabilizó, mostrando con claridad la silueta completa de un bebé perfectamente formado, moviéndose suavemente dentro del útero.

Elena sintió que las lágrimas se acumulaban instantáneamente en sus ojos, una reacción que experimentaba cada vez que veía aquella imagen, pero al girar su rostro hacia Dante, notó algo que jamás había presenciado antes con tanta claridad, los ojos de su esposo, normalmente tan controlados y serenos, brillaban con una emoción genuina que apenas lograba contener.

—Es... es increíble —murmuró Dante, con la voz quebrada por la emoción, sin poder apartar la vista de la pantalla —Puedo ver perfectamente sus manitas, su rostro.

—El desarrollo es completamente normal para esta etapa del embarazo —confirmó la doctora, con satisfacción profesional —¿Les gustaría escuchar los latidos de su corazón?

—Sí, por favor —respondió Elena, apretando la mano de Dante con anticipación.

La doctora ajustó el equipo, y de inmediato, un sonido rítmico y acelerado llenó completamente el consultorio, los latidos fuertes y saludables del corazón del bebé, resonando con una claridad que hizo que Elena sintiera un nudo de emoción formándose en su garganta.

Al girar nuevamente hacia Dante, Elena presenció algo que la conmovió profundamente, aquel hombre poderoso, temido por toda la familia Moretti, reconocido en los círculos empresariales por su frialdad calculadora inquebrantable, tenía los ojos completamente llenos de lágrimas, escuchando con una atención absoluta cada latido del corazón de su hijo.

—Dante —susurró Elena, con ternura, apretando suavemente su mano.

—Perdón —dijo él, secándose rápidamente una lágrima que había logrado escapar, con una sonrisa avergonzada que contrastaba enormemente con su habitual compostura —Es solo que... jamás imaginé que este sonido pudiera generarme una emoción tan profunda.

—No tienes por qué disculparte, Dante —respondió Elena, con una calidez genuina —Es hermoso ver cuánto amas ya a este bebé.

—Lo amo con una intensidad que jamás esperé sentir hacia alguien que ni siquiera ha nacido todavía —confesó Dante, con una honestidad vulnerable que dejaba completamente expuesta la profundidad genuina de sus emociones —Y te amo a ti, Elena, con una intensidad que tampoco esperaba volver a sentir después de todo lo que viví con Isabella.

La doctora, presenciando aquel momento tan íntimo entre ambos, sonrió con discreción antes de continuar con el resto de la revisión médica.

—Todo luce perfectamente saludable —confirmó, finalmente, limpiando el gel del vientre de Elena — El bebé se está desarrollando exactamente como esperábamos, y usted, señora Moretti, muestra signos excelentes de recuperación después del episodio de contracciones prematuras de la semana pasada.

—Gracias, doctora —dijo Elena, sintiéndose profundamente aliviada ante aquella confirmación.

Al salir de la clínica, Dante insistió en llevarla a almorzar a uno de los restaurantes favoritos de Elena, un gesto que, aunque simple en apariencia, reflejaba la ternura genuina que había ido consolidándose entre ambos durante las últimas semanas.

—¿Ya pensaste en algún nombre para el bebé? —preguntó Dante, mientras esperaban que les sirvieran sus platillos, con una curiosidad genuina que Elena encontraba profundamente conmovedora.

—He pensado en varios, aunque todavía no me decido completamente —admitió Elena, con una sonrisa —¿Tú tienes alguna preferencia?

—Me gustaría que considerara el nombre de Emiliano, si es niño —dijo Dante, con cierta timidez inusual en él —Era el nombre de mi abuelo paterno, un hombre que siempre admiré profundamente por su integridad y su generosidad hacia los demás.

—Emiliano Moretti —repitió Elena, saboreando el nombre en voz alta —Me encanta, Dante. Creo que sería perfecto.

—¿Y si es niña? —preguntó Dante, con una sonrisa que reflejaba una emoción genuina ante la idea de finalmente decidir juntos aquel detalle tan significativo.

—Había pensado en Valentina —confesó Elena — Era el nombre de mi abuela materna, una mujer extraordinariamente fuerte que crió a mi madre completamente sola después de quedar viuda muy joven.

—Valentina Moretti —repitió Dante, con una sonrisa cálida—. También me parece un nombre hermoso, Elena. Estoy seguro de que, sea niño o niña, este bebé llevará ambos nombres con orgullo, honrando a las personas que ustedes tanto admiraron.

Elena sintió que el corazón se le llenaba de una felicidad genuina ante aquella conversación tan íntima, comprendiendo cada vez con mayor claridad que aquel matrimonio, nacido originalmente de la desesperación y la necesidad, se había transformado completamente en algo hermoso y genuino, construido sobre una base de amor, respeto mutuo, y una complicidad que ninguno de los dos había anticipado encontrar jamás.

—Dante, gracias por acompañarme hoy, y por mostrarme una emoción tan genuina hacia nuestro bebé —dijo Elena, con sinceridad — Significa muchísimo para mí ver que este hijo será criado por un padre tan presente y tan cariñoso.

—Elena, este bebé representa la posibilidad de reconstruir todo aquello que perdí hace ocho años, cuando Isabella murió —confesó Dante, con una vulnerabilidad genuina —Jamás pensé que volvería a experimentar la alegría de formar una familia genuina, pero contigo y con nuestro hijo, siento que finalmente estoy recuperando algo que creía completamente perdido para siempre.

Elena tomó la mano de Dante sobre la mesa, sintiendo que aquel momento compartido consolidaba, de manera absolutamente definitiva, la profundidad genuina del amor que ambos habían construido juntos durante los últimos meses, un amor que trascendía por completo cualquier circunstancia dolorosa que los había llevado inicialmente a unirse en aquel matrimonio de conveniencia.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP