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Capítulo 57: El enfrentamiento en casa

Bruno avanzó hacia el centro del despacho, colocándose deliberadamente frente a Sofía, en un gesto protector que sorprendió considerablemente tanto a Elena como a Dante, considerando la magnitud de la traición que Sofía acababa de confesar apenas minutos antes.

—No vas a destruir a Sofía de esta manera, tío —dijo Bruno, con una voz cargada de una determinación que Elena reconocía como genuinamente protectora, a pesar de todo lo que Sofía había confesado —Ella ha sido la única persona que realmente me ha apoyado durante los últimos meses, mientras tú y toda la familia me trataban como si fuera el villano absoluto de esta historia.

—Bruno, Sofía acaba de confesar, con su propia voz grabada, que orquestó junto contigo prácticamente cada ataque contra Elena durante los últimos meses —respondió Dante, con una incredulidad evidente ante la defensa incondicional que su sobrino ofrecía — ¿Realmente pretendes ignorar completamente la magnitud de lo que ella misma acaba de admitir?

—¡Ella hizo lo que hizo porque yo se lo pedí, porque necesitaba a alguien de mi lado, considerando que tú jamás me diste ninguna oportunidad genuina dentro de esta familia! —exclamó Bruno, con una furia que llevaba acumulando durante meses enteros —Desde que era joven, siempre me trataste con desconfianza, siempre asumiste que cualquier error que cometiera representaba una traición deliberada, en lugar de simplemente los errores normales de cualquier persona joven aprendiendo a manejar responsabilidades considerables.

—Bruno, cada oportunidad que te di, la utilizaste para robar, para engañar, o para traicionar directamente a esta familia —replicó Dante, con una frialdad que reflejaba años enteros de decepciones acumuladas —Te di la administración completa de tres proyectos empresariales importantes durante tus primeros años en la empresa, y en cada uno de ellos, terminaste desviando fondos hacia cuentas personales, o negociando acuerdos que beneficiaban exclusivamente tus propios intereses, sin ninguna consideración hacia el bienestar general de la empresa familiar.

—¡Eso fueron errores de juventud, tío, no traiciones deliberadas! —protestó Bruno, aunque su voz reflejaba cierta inseguridad ante la precisión con la que Dante enumeraba cada fallo específico.

—¿Y qué me dices de Camila, Bruno? —continuó Dante, sin ninguna intención de suavizar la confrontación —Mantuviste una relación secreta con Elena durante ocho meses enteros, mientras planeabas casarte con ella, y cuando finalmente descubriste que Elena esperaba un hijo tuyo, tu primera reacción fue exigirle que abortara, y ofrecerle dinero para que desapareciera completamente de tu vida. ¿Consideras eso también simplemente un error de juventud?

Bruno guardó silencio un momento, evidentemente incapaz de encontrar una justificación razonable para aquel comportamiento tan específico y cruel.

Fue en aquel momento cuando Elena, que había permanecido observando la confrontación entre tío y sobrino con una tensión considerable, decidió finalmente intervenir directamente, sintiendo que necesitaba exponer completamente la verdadera naturaleza de la relación entre Bruno y Sofía durante aquellos meses de traición.

—Bruno, hay algo que necesitas escuchar directamente de mí —dijo Elena, con una voz firme que capturó inmediatamente la atención de todos los presentes —Durante los meses en que mantuvimos nuestra relación secreta, Sofía se burlaba constantemente de mí, a mis espaldas, cada vez que tú decidías cancelar planes conmigo, o cuando priorizabas cualquier compromiso social relacionado con tu futuro matrimonio con Camila por encima de mí.

—¿De qué estás hablando, Elena? —preguntó Bruno, con una expresión de genuina confusión.

—Sofía me daba consejos que, en aquel momento, yo consideraba genuinamente bien intencionados, pero que ahora comprendo perfectamente que estaban diseñados deliberadamente para alejarte cada vez más de mí —continuó Elena, con una claridad dolorosa — Me sugería constantemente que te diera espacio, que no presionara demasiado por definir nuestra relación públicamente, que confiara pacientemente en que, eventualmente, tú tomarías la decisión correcta. Ahora entiendo que cada uno de esos consejos estaba calculado precisamente para mantenerme alejada, dócil, y completamente vulnerable ante cualquier decisión que tú decidieras tomar unilateralmente.

Bruno se giró hacia Sofía, con una expresión que comenzaba a reflejar una duda genuina por primera vez desde que había irrumpido en el despacho.

—Sofía, ¿es esto cierto? —preguntó, con una voz que ya no sonaba tan segura como al principio de la confrontación.

—Bruno, todo lo que hice fue precisamente porque me importabas genuinamente —intentó justificarse Sofía, aunque su voz ya reflejaba cierta desesperación evidente.

—¿Me diste consejos calculados para mantener a Elena alejada de mí, mientras simultáneamente le sugerías a ella que confiara pacientemente en la situación? —insistió Bruno, con una claridad que sugería que finalmente comenzaba a comprender la magnitud completa de la manipulación que Sofía había ejecutado durante todo aquel tiempo.

—Bruno, necesitas escucharme completamente antes de sacar conclusiones apresuradas —dijo Sofía, con un pánico evidente ante la posibilidad de perder completamente el control de la narrativa que había mantenido durante tanto tiempo.

Fue precisamente en aquel momento de duda genuina por parte de Bruno cuando Sofía, sintiendo que su posición se derrumbaba irremediablemente, decidió ejecutar un último movimiento desesperado, buscando desviar completamente la atención hacia una acusación considerablemente más dramática.

—¡Y ustedes creen que él la quiere de verdad! —exclamó Sofía, señalando directamente hacia Dante, con una expresión que combinaba desesperación y una determinación calculada de causar el mayor daño posible antes de que su propia manipulación quedara completamente expuesta —¡Dante solo se casó con ella para vengarse de ti, Bruno!

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