Capítulo 53: Sofía miente

Mientras Dante y Elena intentaban reconstruir nuevamente la confianza dañada por aquella investigación secreta, Sofía, todavía enfrentando los cargos legales presentados en su contra por el acceso no autorizado a los sistemas de Textiles Andrade, vio en aquella tensión reciente entre la pareja una oportunidad que no estaba dispuesta a desperdiciar.

—Necesito hablar con usted, señor Moretti, sobre información extremadamente importante relacionada con su esposa —dijo Sofía, contactando directamente a Dante a través de su asistente personal, solicitando una reunión urgente y privada.

Dante, todavía procesando internamente la conversación difícil que había sostenido con Elena apenas días atrás, sintió una curiosidad reticente ante aquella solicitud, aunque decidió finalmente acceder a la reunión, considerando que cualquier información adicional podría resultar relevante para la defensa legal que estaban preparando contra las acusaciones de Bruno.

—Tiene exactamente quince minutos, señora Herrera —dijo Dante, recibiéndola en su despacho con una frialdad calculada, consciente de la implicación directa de Sofía en los ataques anteriores contra Elena.

—Agradezco que haya decidido escucharme, señor Moretti —dijo Sofía, sentándose frente a él con una expresión cuidadosamente calculada de preocupación genuina —Sé que probablemente me considera una enemiga después de los cargos legales presentados en mi contra, pero creo genuinamente que merece conocer la verdad completa sobre Elena antes de continuar defendiéndola tan incondicionalmente.

—¿Qué verdad exactamente pretende revelarme? —preguntó Dante, con un escepticismo evidente, aunque sin poder evitar completamente cierta curiosidad ante aquella declaración tan directa.

—Elena y yo fuimos amigas durante años, señor Moretti, y durante ese tiempo, presencié comportamientos suyos que sugieren una capacidad de manipulación considerablemente más sofisticada de lo que probablemente imagina —comenzó Sofía, con un tono calculado que pretendía sonar genuinamente preocupado—. Desde sus años universitarios, Elena siempre demostró una ambición particular por acceder a círculos de poder y riqueza que consideraba, en sus propias palabras, que merecía por derecho propio.

—¿Tiene alguna prueba concreta de estas afirmaciones? —preguntó Dante, con una frialdad que todavía conservaba considerable escepticismo, aunque Elena, de haber estado presente, hubiera notado con preocupación que la investigación reciente sobre el profesor Fuentes probablemente había dejado a Dante considerablemente más receptivo hacia este tipo de insinuaciones de lo que hubiera estado semanas atrás.

—Elena mantuvo la relación con Bruno durante ocho meses enteros, señor Moretti, sabiendo perfectamente sobre su compromiso próximo con Camila —continuó Sofía, con una calculada mezcla de verdades parciales y distorsiones estratégicas —¿No le parece sospechoso que, precisamente cuando descubrió su embarazo, decidiera presentarse en la boda, generando un escándalo público que la posicionó perfectamente para atraer su atención hacia ella, señor Moretti, un hombre considerablemente más poderoso y con mayor patrimonio que su propio sobrino?

Dante sintió que una inquietud sutil comenzaba a formarse dentro de él ante aquella narrativa cuidadosamente construida, aunque intentó mantener su análisis estratégico habitual, buscando fallas lógicas evidentes en aquella presentación de los hechos.

—Elena no tenía ningún conocimiento previo de mi existencia antes de aquella boda —respondió Dante, aunque con cierta vacilación que Sofía notó inmediatamente, aprovechando aquella grieta para profundizar su manipulación.

—¿Está completamente seguro de eso, señor Moretti? —preguntó Sofía, con un tono cuidadosamente calculado de duda genuina — Bruno hablaba frecuentemente sobre usted durante los meses en que mantuvo su relación con Elena. Sería extraordinariamente ingenuo pensar que ella jamás escuchó mencionar su nombre, su posición dentro de la empresa familiar, o su considerable fortuna personal.

Dante sintió que aquella insinuación se instalaba con una fuerza inquietante en su mente, recordando, con cierta inquietud renovada, la precisión estratégica con la que Elena había manejado tanto la confrontación pública en la boda, como la posterior negociación del contrato matrimonial.

—Continúe —dijo Dante, con una frialdad calculada que ocultaba considerablemente la inquietud creciente que comenzaba a apoderarse de él.

—Y respecto a Textiles Andrade, señor Moretti —continuó Sofía, sintiendo que finalmente lograba penetrar completamente las defensas racionales de Dante —¿No le parece extraordinariamente conveniente que Elena identificara, con tanta precisión estratégica, exactamente la empresa que su propio sobrino planeaba adquirir, superándolo en cada aspecto de la negociación? ¿Realmente cree que todo esto simplemente sucedió por casualidad, sin ninguna planificación calculada de su parte?

—¿Está sugiriendo que Elena orquestó deliberadamente cada aspecto de nuestra relación desde el principio? —preguntó Dante, con una voz que finalmente reflejaba considerablemente más inquietud de la que había mostrado al inicio de aquella conversación.

—Simplemente estoy sugiriendo, señor Moretti, que considere cuidadosamente la posibilidad de que Elena sea considerablemente más estratégica y calculadora de lo que su ternura aparente le ha permitido percibir completamente —respondió Sofía, con una satisfacción cuidadosamente disimulada, consciente de que finalmente había logrado sembrar dudas considerables en la mente de Dante.

Fue precisamente en aquel momento, mientras Sofía continuaba desarrollando su narrativa manipuladora, cuando la puerta del despacho se abrió abruptamente, revelando a Elena, quien había llegado buscando a Dante para discutir algunos detalles finales de su estrategia legal, sin anticipar encontrarlo en aquella conversación tan comprometedora.

—¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó Elena, sintiendo que el corazón se le detenía momentáneamente al presenciar a Sofía, sentada cómodamente frente a Dante, en lo que evidentemente representaba una conversación considerablemente prolongada.

—Elena, justamente estábamos hablando sobre ti —dijo Sofía, con una sonrisa calculada que pretendía proyectar una falsa cordialidad.

—Sofía está enfrentando cargos legales graves presentados por nuestra propia empresa, Dante —dijo Elena, dirigiéndose directamente hacia su esposo, con una indignación creciente —¿Por qué estás sosteniendo una conversación privada con ella, sin siquiera informarme al respecto?

—Elena, Sofía compartió información considerablemente preocupante sobre el origen genuino de nuestra relación —respondió Dante, con una expresión que Elena reconoció, con una alarma considerable, como reflejando cierta duda residual ante las insinuaciones manipuladoras de Sofía.

—Dante, ¿realmente estás considerando seriamente cualquier cosa que esta mujer te esté diciendo? —preguntó Elena, con una incredulidad creciente —Sofía ya demostró, repetidamente, su disposición a mentir y manipular situaciones enteras para beneficiarse personalmente. ¿Por qué decidirías confiar en sus palabras, precisamente ahora, sobre algo tan fundamental como la sinceridad genuina de nuestra relación?

Dante permaneció en silencio un momento, evidentemente luchando internamente entre la confianza genuina que había construido hacia Elena durante los últimos meses, y las dudas persistentes que Sofía acababa de sembrar con considerable habilidad manipuladora.

—Necesito tiempo para procesar todo esto correctamente, Elena —dijo finalmente Dante, con una expresión que reflejaba una confusión genuina, dejando a Elena con una sensación devastadora de que, después de todos los avances que habían logrado juntos, la manipulación calculada de Sofía amenazaba con destruir, en cuestión de minutos, la confianza sólida que ambos habían reconstruido con tanto esfuerzo durante las últimas semanas.

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