Daniel caminó por el perímetro del claro, la tierra bajo sus botas susurraba historias de angustia. El olor a pino y petricor se mezclaba en el aire, un claro recordatorio de que la naturaleza avanzaba incluso cuando el tiempo parecía detenerse para él. Había pasado más de un mes sin una palabra de Kyra, y con cada atardecer, su corazón se volvía más pesado, una piedra hundiéndose en un mar interminable de preocupación.
—¿Hay noticias? —preguntó, con voz ronca como grava, mientras Edon y Bardou