El sol se hundió en el horizonte, proyectando un entramado de sombras en el porche delantero donde estaba Kyra White, la anticipación entrelazando sus nervios en un intrincado tapiz. Las últimas brasas de la luz del día parpadeaban en sus profundos ojos castaños mientras esperaba a sus invitados, cuya llegada cosería nuevos patrones en el tejido de su vida.
—Kyra, están aquí. —la voz de Daniel, siempre el estruendo de un trueno distante, rompió su ensoñación. Él se paró a su lado, sus tormentos