En su gran oficina de roble, Daniel besó a Agatha con pasión, no por amor o deseo, sino para mantener las apariencias ante la manada. Cuando sus labios se encontraron, sintió los latidos de su corazón acelerarse con anticipación bajo sus manos en su espalda. Estaba nerviosa, pero eso era natural. Agatha siempre deseó momentos como estos con Daniel. Se sentía triunfante ante la humana.
Los rumores sobre Kyra, la mujer que llevaba a al cachorro del Alfa, corrían desenfrenados entre los hombres l