Darius estaba en el umbral de la casa de los Aldridge, con la grandeza de la arquitectura victoriana cerniéndose sobre él. Se ajustó la chaqueta antes de que Giulia lo hiciera entrar con una sonrisa que transmitía la calidez del sol de verano.
—Ven, Darius. —dijo Giulia, su voz era una melodiosa invitación mientras lo conducía a través del vestíbulo adornado con retratos ancestrales cuyos ojos susurraban secretos de épocas pasadas. Algunas fotos actuales, incluida Isabella.
—Gracias. —respondi