Darius sintió el zumbido de la vida bajo sus pies mientras atravesaba el sendero del bosque que serpenteaba de regreso a la guarida familiar, un lugar donde los aromas terrosos se mezclaban con el almizcle de los árboles centenarios.
El cielo de arriba era de un profundo color cobalto, un tapiz de crepúsculo que presagiaba el final de otro día. Sus sentidos estaban sintonizados con el mundo natural, un mundo que cantaba con el susurro de las hojas y el llamado distante de las criaturas nocturn