—Mi niño, estás vivo.
Kyra abrazó con Fuerza a Darius, una parte de su alma estaba de regreso.
—¡Oh Darius! —musitó Nicolli mientras se levantaba del suelo.
El corazón de Kyra tronó contra sus costillas, un grito primitivo subió por su garganta mientras se lanzaba hacia adelante, colocándose entre su hijo y la inquietante amenaza que era Nicolli.
—¡Suficiente! —gritó, y su voz resonó entre las paredes como el llamado de una tempestad salvaje. —¡No lo tocarás!
Los ojos de Nicolli, dos zafiros