El bosque murmuraba con los secretos del viento, mientras Kyra permanecía en la entrada del enorme pasillo que la llevaría hasta el altar, algo improvisado, con su corazón encerrado en hielo. El rico aroma a pino y tierra no hizo nada para calmar la tempestad dentro de su alma. Llevaba un vestido que brillaba como la luz de la luna sobre el agua, pero su belleza se le escapaba: hoy lo sentía como un sudario.
—Kyra —la voz de Circe era un suave susurro—, No tienes que hacer esto. Hay otras maner